Si todavía no llevas una muy buena gimnasia financiera, podríamos decir que te encuentras como la mayoría de las personas que no se sientan a planificar sus finanzas a través de una buena presupuestación. Por lo que es probable que termines gastando tu dinero sin tener un objetivo claro y que sufras los golpes en épocas de crisis.

Es por esto que la inteligencia emocional juega un papel muy importante en la salud de tus finanzas personales haciendo que no puedas tener una relación positiva con tu dinero.


Comencemos por entender a que nos referimos cuando hablamos de inteligencia emocional: podríamos decir que es la capacidad de descubrir las emociones y sentimientos propios, identificarlos y utilizarlos para gestionar las relaciones personales.

Ahora bien ¿cómo podemos aplicar esto a nuestras finanzas personales?


Podemos decir que se vuelve esencial desarrollar la inteligencia emocional financiera para identificar tus emociones en relación al dinero y al manejo de tus finanzas.

Entonces, de esta forma, termina siendo una fusión entre tu capacidad de conocerte a ti mismo, tus emociones y miedos, y la capacidad de desarrollar una relación sana con el dinero generándolo y haciendo que se convierta en un medio para poder llevar adelante el estilo de vida que siempre quisiste.


La felicidad está dada por la diferencia entre tus expectativas (lo que deseas en la vida) y tu realidad actual. Cuanto más chica sea esa brecha, se supone que debieras sentirte en mayor plenitud.

Una forma de comenzar a tratar de construir una relación más sana con el dinero puede ser preguntándote a ti mismo si en realidad necesitas para tu vida tener un auto último modelo, ropa, cambiar a una casa más grande o si solamente aspiras a eso por un mandato social y querer pertenecer a ese “selecto grupo”. Probablemente te encuentres con la sorpresa de que no necesitas más de lo que tienes y hasta aprendas a disfrutarlo desde otro punto de vista.


Sin embargo, a veces, los sentimientos suelen jugarte una mala pasada, por lo que veremos a continuación 5 trampas emocionales que deberías evitar:

• El miedo a lo desconocido

Es algo que llevas en tu ADN, el miedo a lo desconocido, a lo que te es ajeno a tu forma de pensar. Es común que la mayoría de la gente que “no conoce de finanzas” tome decisiones financieras con un cierto temor, por ejemplo, comprado divisas y no invirtiendo ese dinero en ningún activo financiero. Esto puede resultar totalmente ineficiente si el horizonte de tiempo es muy largo.

• El miedo a la pérdida

En toda inversión financiera, hay una relación entre rendimiento y riesgo. Se supone que para obtener un mayor rendimiento tienes que estar dispuesto a tolerar un mayor nivel de riesgo.

Muchas personas sufren la pérdida de una manera totalmente desproporcionada a la pérdida en sí. Esto puede deberse al miedo a sentir que “fracasaron” a la hora de invertir y que este no resultara como uno quisiera.


• La adicción al riesgo

Del otro lado de la calle se encuentran aquellos que no tienen ningún tipo de temor que modere sus emociones. Se trata de adictos al riesgo financiero, haciendo que estén todo el “tiempo” apostando a ganar dinero en el mercado financiero.

Esta especie de ludopatía puede resultar perjudicial y hasta ineficiente por la cantidad de comisiones que se pagan cada vez que compren o vendan un determinado activo por seguir su intuición sin detenerse a pensar objetivamente si es conveniente o no.

• El caro placer cortoplacista

Ten siempre presente que muchas pequeñas monedas hacen una gran inversión en un futuro. Incorporar desde muy chicos la cultura del ahorro te permitirá llegar a la mitad de tu vida con un nivel de ahorros suficiente para empezar a generar renta pasiva y poder vivir con un mayor grado de libertad financiera.

Para esto no existen recetas mágicas: tienes que saber administrarte y generar más de lo que consumes. Esto no quiere decir que debas privarte de todos los gustos, pero hazlo moderadamente.


• El enemigo íntimo: el ego

Cuando las decisiones que tomas no resultan como quieres, puede pasar que caigas en el “sesgo del costo hundido”: esto es cuando tomas una mala decisión y la sostienes más en el tiempo del que debieras llevándote a tener más pérdidas.

Si desarrollas tu inteligencia emocional financiera podrás reducir la brecha entre expectativa y realidad y así poder tener una relación mucho más sana con el dinero.