Te despiertas como todas las mañanas para encarar tu día laboral, abres el refrigerador y los ves delante de ti: dos frascos gigantes de mermelada (¡que en tu mente parecían más pequeños!) de frambuesa y damasco. Lo más curioso de todo es que no sueles comer mermelada y, menos que menos, ¡de damasco!

Pero no tenías otra opción (¿o sí?): no podías dejar de aprovechar la oferta que te ofreció el supermercado la semana pasada con un irresistible 2x1 en la compra de mermeladas. Es cuando analizas tus acciones donde te detienes a pensar cuánto conoces realmente sobre cómo realizas tus compras y cuáles son los estímulos que terminan influenciando tus decisiones de ir a un supermercado o centro comercial.


La publicidad tiene muchas maneras de llamar tu atención para hacer que consumas un determinado producto: desde ediciones limitadas que no se consiguen fácilmente a la forma en que se distribuyen en las tiendas, entre otras. Pero sin dudas, la que suele tener un mayor impacto de todas es: la palabra GRATIS.

Muchas veces alcanza con que algo sea gratis para volverse lo suficientemente atractivo como para que decidas adquirirlo aun cuando ni te hayas imaginado la posibilidad de tenerlo. Seguramente debes tener algo más que frascos de mermelada en tu casa por el solo hecho de que no debiste pagar por él.


Es que no tiene nada de malo hacerte de cosas de forma gratuita. Lo negativo surge cuando te alejas de una decisión racional porque algo no te costó dinero. Imagina que vas a la tienda de tu barrio y observas una promoción de 3x2 en lácteos. Que compres 3 yogures no quiere decir que puedas consumirlos antes de que venza el plazo de vencimiento. Entonces, es aquí donde surgen los interrogantes: “¿estas promociones se deben a que está cerca de la fecha de expiración o realmente es una promoción para posicionar el producto?”. Entonces el problema aquí es el “costo de oportunidad” de renunciar a una mejor opción por querer “aprovechar” lo que crees una mejor alternativa.

Lo que ocurre inconscientemente es que cuando te das cuenta que puedes obtener un producto gratis, te olvidas de las desventajas de tenerlo y pasas a sobrevalorarlo. Al fin y al cabo, si la decisión que tomaste resultó mala, no pagaste nada por él.


Seguramente hayas escuchado alguna vez el refrán popular: “cuando la limosna es grande, hasta los santos desconfían”. Esto no quiere decir que debas rechazar todo aquello por lo que no debes pagar sino que quizás debas detenerte un segundo a pensar si realmente terminará en algo de utilidad para ti.

¿Qué hacer si se te presenta una oferta ofreciéndote algo gratis?

Sabemos que es difícil resistirte a la tentación de tener ese “algo” que es gratis, es por eso que te proponemos un ejercicio muy sencillo para que evalúes si realmente vale la pena aprovechar esa “oportunidad imperdible”.

Este consiste en hacerte a ti mismo estas tres preguntas:

1. ¿Realmente lo necesitas ahora en este momento o puedes postergarlo para más adelante?


2. Si no lo obtienes ahora, ¿es fácil de conseguir en otras condiciones? (es decir, teniendo que pagar algo no muy significativo más adelante).

3. ¿Tienes el dinero o el tiempo para gastar o usar ese producto y disfrutar de sus beneficios?

Respondiendo estos interrogantes te será mucho más fácil determinar si realmente compraste la mermelada de damasco por aprovechar una oferta o si ¡te has convertido en el fan número uno de estos dulces!